Martes, Junio 25, 2019
   
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58 Cante de las minas: Hermanos, ¡qué pasada!

La Unión entra en el siglo XXI de los espectáculos con un musical en el que Los Vivancos consiguieron que vibrasen hasta los pilares de la Catedral del Cante. Tras su actuación, taconearon con los espectadores dentro de la iniciativa que llevan a cabo para ayudar a los niños.


Fueron anunciados por la presentadora, la unionense Lola Martínez, como el mayor fenómeno musico-escénico de esta época y el de mayor proyección internacional. Lo mejor que se puede decir es que no fueron palabras gratuitas y que los hermanos Vivancos estuvieron a la altura.

Su presencia no ha estado exenta de debate sobre si ese espectáculo es apropiado para el Festival del Cante de las Minas. Ofrecen flamenco, pero no es un espectáculo flamenco. Ofrecen danza, pero no es un espectáculo de danza. Ofrecen acrobacias, pero no es un espectáculo circense. Es mucho más, es un todo sin palabras a través de la expresión corporal y la música.

Tras concluir el espectáculo, preguntamos a diversos grupos de asistentes. Recibimos opiniones para todos los gustos. Para el que se denominaba purista, la respuesta fue que había sido “algo diferente”. Otro no terminaba de “encajar” este espectáculo en el flamenco, pero también conocimos varios en el otro lado. “Parece que el Cante se va modernizando”, fue una de las respuesta. “Impresionante, merecía la pena traerlo”, fue otra. Lo cierto es que podemos hablar de diversidad de opiniones, pero no de equilibrio en el número. El público dio su opinión con sus aplausos (vimos personas de todas las edades, incluso algún erudito flamenco) y en la pequeña encuesta que llevamos a cabo entre asistentes de varias generaciones ganó claramente el elogio a las dudas o críticas.



Por supuesto, un servidor también tiene opinión al respecto y desde el respeto a todos. Lo primero es aparcelar. El Cante de las Minas es flamenco, pero éste tiene su alma y corazón en el concurso, el cual no ha sido afectado. Una vez salvaguardada la esencia y la razón de ser, vamos al terreno de las galas, en el que el sujeto es el público, pues no en vano se trata de espectáculos que se contratan. El espectáculo de Los Vivancos, aunque algunos lo puedan llamar flamenco extremo, lo cierto es que es otra cosa. Todos sus zapateados serían aspirantes al premio ‘Bordón’, pero no era esa la cuestión. No hay que rebuscar para justificar lo que la mayoría respalda con sus hechos. Primero, es un hecho indiscutible que ha sido el espectáculo que antes ha agotado entradas en esta edición. Purismos al margen, vender entradas es muy importante para todo evento. Segundo, la sociedad de la segunda mitad del siglo XXI evoluciona en sus gustos al igual los espectáculos y estamos en una época en la que hablar de los grandes musicales de Madrid o del Circo del Sol son palabras mayores. El concepto ya es otro, en el que el arte está envuelto el la magia visual del escenario. Con Los Vivancos podemos decir que La Unión recibe a un nuevo concepto de espectáculo que si no fuera por el Cante de las Minas dudo mucho que pudiéramos tenerlo por estas tierras. Tercero. Si buena fue la presencia de Los Vivancos para La Unión, buena fue para Los Vivancos venir a La Unión, pues aquí se celebra el mayor festival flamenco del mundo y ellos han pisado el escenario de la Catedral del Cante, todo un honor para cualquier artista. Y cuarto. Los próximos días 9 y 10 de este mes actúan en el Romea de Murcia. Hace cinco años estuvieron en El Batel de Cartagena. Gustaron, pero la repercusión no ha sido la misma que ahora han conseguido y que también sirve como aliciente para que otros acudan a verlos en la capital del Segura. Conclusión: Fundación, familia Vivancos y público salieron favorecidos de su encuentro de la noche del domingo.



Y ahora, vayamos a esa amalgama de sensaciones visuales y sonoras que ofrecieron. Entraron en el Catedral entre el ‘respetable’ y con el sonido de la música silbada de ‘los siete enanitos’, muy apropiado a la cifra de sus componentes… ¡Alto!, pero si son seis y no siete. ¿Qué ha pasado con el que falta?, escuchamos al algunos espectadores que han visto vídeos en la internet de este espectáculo, pese a que en los cárteles figuran seis. El motivo, por lo que pudimos conocer, es que uno de ellos está de feliz baja por paternidad.

Lo primero que demuestran sobre las tablas es que todos son músicos, interpretando, cada uno con un instrumento, una rockera apertura. Enseguida lucen su destreza con los pies. Tienen el récord Guinnes del zapateado más rápido y a fe que lo dejaron patente. Josua Vivancos irrumpe bajo los sones del potente ‘Smoking on the water’ de Deep Purple con el rojo telón de inmensa capa, que después se convierte en una armoniosa nube de movimientos. A continuación demuestra su destreza con el cajón, primero en un dúo entre sus manos y el tacón de su zapato, y después de pie sobre uno, dos y tres cajones con la vena equilibrista. Se suela la melena y la euforia va a más. Le sucede la muestra de que un violenchelo eléctrico (el de Elías) puede se cosa de cuatro. Los seis hermanos se visten en la siguiente escena de luces, dicho de forma literal. Jugando con sus luminosos y coloridos cuerpos en la oscuridad llegan a cabo una sucesión de efectos visuales, aderezados por un duelo de espadas láser formato ‘Guerra de las galaxias’.

El espectáculo sigue siendo una sucesión de variedades. La danza bajo los sones de ‘Aleluya’ abre otro capítulo de bailes que demuestran que el zapateado es camaleónico y que se adapta a cualquier estilo musical, desde el flamenco hasta el ‘Ojo del tigre’. Dos de los Vivancos ofrecen sobre sendas mesas redondas otra atractiva novedad, que incluye paradas sobre las puntas de los pies. El público acompañaba con sus aplausos y así, tras una vorágine de cien minutos, se llegó al final con casi todo el aforo puesto en pie. Entonces, los hermanos vuelven al patio para despedirse saludando a espectadores y aplaudiéndoles. Capítulo de caballeros en los que reconocen que su razón de ser es el espectador y que en este caso ha existido mucha complicidad.

Se marchan, pero el público los reclama con palmas. Regresan y por fin se les escucha la voz cuando pregunta: “¡¿Queréis una más?!”. Respuesta unánime y epílogo con increíbles bailes en la estructura metálica, incluidos algunos con la cabeza hacia abajo. Llega el cierre del espectáculo bajo un ambiente del gran fin de fiestas que cualquiera querría para sus celebraciones y con cientos de teléfonos móviles captando imágenes (algunas nos las han pasado) y vídeos.

‘Nacidos para bailar’, como reza el título de su espectáculo, y también con rol solidario, pues, ya fuera de su espectáculo y cubriendo sus torsos con camisetas, explicaron el movimiento 'Taconeo solidario' (pinchar aquí para conocer más y colaborar) que pusieron en marcha para ayudar a los niños con necesidades especiales derivadas de enfermedades neurológicas a través de la Fundación Querer (pinchar aquí) destinando parte de la recaudación de cada actuación de su gira. “Pero no sólo consiste en ayudar, sino también en dar a conocer más esta iniciativa”, expusieron mientras pedían la complicidad del público para grabar una escena con taconeo y grito colectivo de “¡Por los niños!”. Salió perfecto.

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