Esta feria cada vez tiene más magnetismo

El gran encuentro nacional de minerales y fósiles de La Unión cruza su ecuador con estupendas sensaciones, pues la presencia de público parece superar a ediciones anteriores y la ocupación hostelera y hotelera (incluidas poblaciones del entorno) es máxima.
Carlos Bernabé Pérez, presidente de FAEPU y de la Feria de Minerales y Fósiles de La Unión, tuvo un agradable problema en la mañana del Jueves Santo cuando, tras el protocolario acto de inauguración, ejerció de 'sherpa' (guía) de las autoridades por el interior del pabellón Ramón Solano, donde, por segundo año, se ubica el macromontaje que lleva este evento. Ese problema era avanzar para que los políticos vieran los puestos y los atractivos paralelos, siendo la causa la alta aglomeración de visitantes.

"Montar la feria cada año lleva mucho trabajo previo en pos de encontrar alicientes para que el público que la conoce repita y para atraer a nuevos visitantes, pero ver estas altas respuestas satisface y compensa el esfuerzo", explicaba Carlos Bernabé a este diario, además de desvelar que tenía constancia que muchos se habían quedado sin poder consumir en los restaurantes y bares de La Unión, al estar completos, y que, además de los hoteles de la ciudad y de Portmán, conocía la alta ocupación en otros de La Manga y de Cartagena, con lo que, una vez más, queda claro que esta feria ejerce fuerza de atracción, es decir, tiene un potente magnetismo y no sólo a nivel de especialistas, profesionales, coleccionistas o aficionados a la geología, sino en el pueblo llano, pues pudimos ver residentes de Cartagena, Lo Pagán, Torre Pacheco y Murcia, entre otros, durante nuestra presencia.

Hay alicientes puntuales de este año, como son los restos del 'tatarabuelo' de los 'tatarabuelos' de los linces españoles y un predrusco de seiscientos kilos (meteorito) que llegó del cielo (del cinturón de asteroides existente entre Marte y Júpiter) a la región argentina de Campo del Cielo, a lo que se suma el planetario de 36 metros para vivir una experiencia inmersiva y la proyección de un documental ('Un safari al Pleistoceno') elaborado con Inteligencia Artificial.

Luego están los tradicionales, los expositores de minerales, que este año son cuarenta y que pudimos conocer mejor gracias a que Bernabé también ejerció con nosotros como guía de lujo. En este capítulo de minerales, piedras preciosas y otros de la materia, hay de todo y con procedencias muy amplias, algunas muy lejnas. Te pierdes si efectúas una visión general y se te pasan las horas si vas fijándote en detalles. Además, es una 'droga', nos dijeron varios de los que tienen expositores, como Javier Aguado, un donostiarra que dejó el mundo de la información por los minerales hace unos años.

Y ya si te metes en el mundo microspópico, puede ser imposible 'desengancharse'. "Es apasionante", nos decía Juan Peña, quien trabaja sólo materiales de minas españolas y que ofrece al visitante la posibilidad de ver los productos que exhibe a través de un buen microscopia óptico. Lo hicimos y lo que veías de una forma, cambia radicalmente con visiones espectaculares.

Junto a una de las dos puertas de acceso y salida está el artesano golpeando piedras para crear armas, como hacían nuestros antepasados cuando no existía ni el hierro. Es cautivador ver su destreza en la elaboración.

Jueves, viernes y sábado son los tres días para disfrutar de la feria, pues el domingo toca recoger, pues los que llevan los expositores vienen de muy dispares puntos de España y tiene que regresar a sus casas. El horario es de 10 a 14 horas y de 17 a 21, excepto el sábado que se clausurará a las ocho de la tarde, siendo también la jornada de entrega de premios y del sorteo de minerales entre el público. Nosotros depositamos papeleta, pero tenemos pocas opciones, pues la urna estaba muy llena. Otra señal del magnetismo que tiene unas 28 ediciones (30 años, pero hay que restar el período pandémico) muy bien llevadas.








