El legado minero visto por las nuevas hornadas de estudiantes
Alumnas del Colegio Franciscanos de Cartagena presentan en el Ayuntamiento un proyecto sobre la contaminación minera en La Unión 
Rebeca Lucas y Beatriz Ruiz, alumnas de 4.º de ESO del Colegio La Inmaculada de los Franciscanos de Cartagena, expusieron ante el Ayuntamiento de La Unión su trabajo de investigación sobre la contaminación por residuos mineros en el municipio, un proyecto que pone en valor la memoria histórica de La Unión a través de la mirada joven y comprometida de dos estudiantes con raíces en la localidad. Las alumnas estuvieron acompañadas por su profesor, D. Antonio Rodríguez, y recibidas por la concejal Dña. Isabel Egea y por Víctor Belmez, en representación de Protección Civil.
El trabajo aborda el legado ambiental de la minería en La Unión, municipio que se independizó de Cartagena el 1 de enero de 1860 en pleno auge de la extracción de mineral, época que le valió el sobrenombre de "la California española" por la avalancha migratoria que atrajo. El vínculo de las alumnas con esta historia no es ajeno: una de ellas es natural del municipio y la otra tiene familiares que trabajaron directamente en la minería.
Sobre el terreno, las estudiantes documentaron de primera mano los problemas medioambientales que persisten décadas después del cierre de las explotaciones: escombreras y lodos mineros, suelos erosionados sin vegetación, grandes cavidades peligrosas con acumulación de aguas, y terrenos de coloración marrón y gris con presencia de metales pesados como zinc y plomo. La ausencia de ecosistemas y el riesgo de erosión y transporte de contaminantes completan un paisaje que las propias alumnas describieron como desértico.

Frente a este diagnóstico, el proyecto recoge tanto las soluciones planteadas por expertos —encapsulamiento de residuos, restauración hidrológica y forestal, tratamiento químico de suelos y labores de limpieza y control— como las propias propuestas de Rebeca y Beatriz. Entre estas destacan la fitorremediación mediante plantas capaces de absorber metales pesados, el uso de maquinaria de filtrado, la adición de abono para tratar la tierra contaminada, y la plantación de especies autóctonas mediterráneas como romero, esparto y lentisco en las zonas erosionadas. Las alumnas proponen además la creación de terrazas vegetales para estabilizar los suelos y la transformación de algunos de estos espacios en un parque naturalizado, incluyendo enclaves como la Mina Artesiana.
Una vez más, son los jóvenes quienes nos recuerdan el valor del conocimiento y la importancia de su aportación a la sociedad. Proyectos como este demuestran que una educación sólida es la mejor herramienta para formar ciudadanos comprometidos con su entorno y capaces de contribuir, desde muy temprana edad, a la construcción de un futuro mejor para todos.




