Olvidados por la historia: Celestino Martínez Vidal

La Unión, una ciudad que es fruto de la carrera emprendida por un grupo de adinerados empresarios deseosos de dejar una mayor huella en la historia que el otro. El resultado es un entramado urbano que sirve de escenario para cada una de nuestras vidas. Este desenfreno arquitectónico no hace sino plasmar la forma de vivir de la sociedad de principios del siglo XX, la cual engloba a ilustres personajes que dejaron su impronta en la historia local, entre ellos Celestino Martínez.



Este importante industrial minero vino al mundo un 5 de junio de 1858 en San Ginés; siendo sus progenitores, Miguel Martínez y Josefa Vidal. Celestino comenzó muy pronto a interesarse por el mundo de los negocios, estando los primeros vinculados a la venta de alimentos y utensilios de todo tipo. De hecho, abrió una pequeña tienda en la localidad del Estrecho de San Ginés hasta la que llegaban algunos de los productos más cotizados del momento: harina, garbanzos, huevos…

En paralelo a su carrera empresarial, Celestino Martínez se vio atraído como otros tantos por el auge minero de nuestra ciudad. Fue en 1888, cuando a la edad de 29 años, el descubrimiento de un filón de galena multiplicó la riqueza de este propietario. Tan relevante fue el descubrimiento, que hasta El Eco de Cartagena informó del hallazgo.



Con el tiempo, Celestino ingresó en la cámara oficial de comercio al igual que otros célebres empresarios como Miguel Zapata. Además, entro a formar parte de la Sociedad Minera Cuatro Amigos creada por Pio Wandosell con el fin de explotar diferentes minas, entre ellas la llamada Pagana.
 
Su afán fue tal, que no se limitó a explotar solo las propiedades que poseía en la Sierra de La Unión-Cartagena, sino que adquirió otras siete propiedades en las provincias de Badajoz y Ciudad Real, bautizando con el nombre de sus hijos a tres de ellas.

Otro de sus múltiples negocios fue la instalación del alumbrado de gas. La fábrica se construye en la Carrera de Irún, frente al antiguo cuartel de la Guardia Civil. Esta surtía al alumbrado público y privado de la ciudad, así como a las cocinas domésticas.

Sin embargo, el porvenir de la fábrica pronto se vio truncado por la instalación del alumbrado eléctrico en la Calle Mayor. Hecho que derivó en la suspensión del servicio ante la imposibilidad de competir con la Central Eléctrica.

Nuestro protagonista no se limitó únicamente a la actividad empresarial, ya que fue uno de los activos de la política local. Miembro destacado del Circulo Conservado de la ciudad, instaló la sede de este partido en su propia vivienda. Un singular edificio construido en la majestuosa calle Mayor, que en la actualidad se conoce como la Casa de los Salmerones.



A pesar de su aclimatación a nuestra tierra, la huelga general de mineros de 1898 motivo su traslado a la vecina localidad de Cartagena. Ya que, como otros tantos propietarios mineros, Celestino sufrió la ira de una clase trabajadora cansada de ser explotada en beneficio de unos pocos.

El miedo a sufrir un nuevo linchamiento le llevo a comprar en 1899 una vivienda en la plaza de la Merced de Cartagena, encargando la realización del proyecto a Tomás Rico Valarino, quien había sido autor del proyecto del Palacio Consistorial de Cartagena. Pero su contribución al urbanismo de la ciudad fue mayor, pues Celestino fue el principal promotor del Gran Hotel.
Este enclave no tardaría en convertirse en el lugar de encuentro de la aristocracia cartagenera, siendo el principal referente cultural y social de la ciudad.

Celestino Martínez Vidal, otro miembro del selecto grupo de hombre que contribuyeron a hacer de La Unión una de las principales urbes de la región a principios del siglo XX. Una labor que no se limitó a la actividad empresarial, sino que contribuyó con su riqueza al mecenazgo de grandes obras que aún conservamos en la actualidad y de otras que por diferentes problemas no vieron la luz como el proyecto de plaza de toros encargado a Francisco de Paula Oliver.

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